9 mar. 2010

8 de marzo: Día de la Mujer


El 8 de marzo es siempre una importante oportunidad de hacer audibles, junto a muchas otras mujeres, nuestros gritos de crítica al sistema patriarcal y de exigencia de avances no sólo formales, legislativos, sino mucho más profundos, que ataquen la raíz de las relaciones entre las personas y las reconviertan a un sistema mucho más sano, en busca de una nueva humanidad.

Pero este año, además y especialmente, el eco de nuestros gritos iba dirigido a todos aquellos que marcharon el 7 con la presunción de creerse dueños de un cuerpo que es sólo nuestro. Dueños de unas vidas que no les pertenecen; ni a ellos, ni a sus representantes eclesiásticos. Se han autoproclamado "defensores de la vida", mediante la misma hipocresía por la que una cárcel puede garantizar la libertad. Son los mejores protectores de la madre. Y decimos "madre", porque la mujer ha sido sometida, bajo su yugo, a un proceso de objetivización tras el cual sólo la maternidad - voluntaria o no - da un sentido a su existencia. Si, entonces, la vida que ellos defienden es sólo un préstamo caduco de un poder superior que es dueño de todos nosotros, y si la vida de una mujer, su voluntad y su libertad no priman sobre sus juicios morales y prejucios que derivan de la ignorancia y de la tergiversación hipócrita de la realidad, entonces dejémosles camino libre para defender esa vida; nosotras, por nuestra parte, trabajaremos para construir una nueva, libre de sus ansias de dominación y sus falacias.

Ayer vibraron las voces en defensa de nuestra libertad de elección, y nos alegra. Manifestaciones como las del 7 son la prueba más efectiva de que la consecución de mejoras en las leyes no trae consigo la transformación de las mentalidades. Para eso hace falta un trabajo constante y conjunto de análisis y replanteamiento de las lógicas que nos rodean, siendo siempre conscientes de que el verdadero cambio ha de empezar por una misma.

Sin embargo, la lucha de las mujeres debería ir mucho más allá, y echamos en falta voces de crítica profunda; consignas como "la talla 38 me aprieta el chocho" o "somos guapas, somos listas, somos chicas feministas" nos parecen vacías de significado. Reconocemos y aplaudimos los esfuerzos de todas las mujeres que de una u otra forma fueron allí para hacerse oir, pero deberíamos reflexionar sobre si ese es el sentido y la dirección que queremos tomar en la lucha feminista de este país.

De cualquier manera, nos alegró ver a tantas compañeras tomando las calles y esperamos seguir estableciendo lazos duraderos para la transformación social.


HERMANDAD Y PROTAGONISMO,
REVOLUCIÓN Y FEMINISMO.

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